Recuerdo haberme preguntado sobre el miedo al mundo del autismo y la primera vez que sospeché que en mi casa conoceríamos otra faceta del desarrollo. Pero antes, permíteme retroceder un poco.
En el año 2018, cuando mi hijo mayor tenía apenas 4 meses de edad, comencé a trabajar en un centro de tutorías. Allí, trabajé con varios niños que poseían distintas inteligencias múltiples, incluyendo el autismo. A medida que mi hijo iba creciendo, empecé a notar varios síntomas similares a los que ya trabajaba con mis estudiantes. Esto fue alrededor de su primer año y medio de vida.
Recuerdo haber recibido varias críticas de familiares muy cercanos, principalmente diciendo: «¿Cómo puedes pensar eso? Eres la madre», o decían: «Ya verás que no tiene nada, está sano, será un niño normal».
Pero, ¿qué significa ser normal? ¿Qué representa para ti el concepto de «un niño sano»? Aquí es donde intentamos encajonar desde la infancia un estereotipo o una idea de perfección. No existe tal cosa como «normal».
El autismo no es una enfermedad, sino que se cataloga como una condición (sobre la cual profundizaré en otro blog).
Por lo tanto, hemos creado una rúbrica que me indica en qué nivel debería estar de acuerdo a su edad.
Cuando tenía dos años y medio, le realizaron su primera evaluación de autismo y se confirmó. En ese momento, todos decían: «Ay, qué bueno que lo llevaste», «Wow, eres una gran madre», «Yo ya lo sabía», «Seguro será un niño feliz»…
Esto me lleva a pensar que, en ocasiones, los padres no queremos despertar de nuestra burbuja y no deseamos reconocer ciertas necesidades que nuestros hijos puedan estar enfrentando, por miedo al autismo o por temor al juicio de los demás, por no saber como enfrentar los retos subsiguientes, entre otras razones. Conozco muchos casos de madres y padres que no aceptan la condición de sus hijos y, peor aún, no buscan ayuda. Es normal asustarse porque no tenemos todas las respuestas pero no podemos frenar el desarrollo de nuestros hijos por nuestra causa.
Se nos enseñó que «en los tiempos de antes» todo se resolvía con dureza, se menospreciaban las diferencias, y se creía que no debíamos poner etiquetas a nuestros hijos. Incluso, desde el punto de vista religioso, se afirmaba que el autismo era una atadura y que el niño necesitaba oración y disciplina. Esto llevaba a forzar a los niños a comportarse de una manera estándar sin abordar sus necesidades internas.
Hoy en día, hay muchos adultos con traumas, problemas motores, dificultades en el habla, problemas de socialización y problemas de temperamento, que finalmente son diagnosticados con autismo u otras condiciones, simplemente porque sus padres no dieron el primer paso: la aceptación. Otros por la falta de información.
Yo tomé una decisión. Fui con una mente clara y segura, aunque no del todo preparada. Llevé a mi hijo a evaluarlo porque prefería tener las herramientas adecuadas en lugar de tomar decisiones erráticas en su crianza.
¿Le tengo miedo al autismo? No. Esta área en la vida de mis hijos me ha despertado, enseñado y motivado de una manera que no puedo expresar completamente. No es fácil, es un reto, pero indudablemente, una travesía que volvería a recorrer.
Mi consejo para ti es que no le temas al autismo, no te preocupes por lo que piensen los demás. No es un castigo, ni una imperfección. No tendrás siempre la mejor solución ni actuarás con las mejores estrategias pero si te puedo garantizar que con una mente abierta, aprenderás amar y ver las cosas desde otra perspectiva. Solo piensa simplemente que es un niño y todo lo demás se descubre en el camino.
Para más información sígueme por:
YouTube: https://www.youtube.com/@autismo_mama
Instagram: https://www.instagram.com/autismo_mama
Spotify: https://www.spotify.com/@uniendocamino
Apple Podcast: https//podcasts.apple.com/us/podcast/uniendo-caminos
