Padres en zapato docente

La semana pasada hablamos a favor de aquellos padres que enfrentan un desafío diario al brindar educación a sus hijos y tener que lidiar con profesionales o incluso con el propio sistema educativo que no ofrece el servicio deseado. Sin embargo, también hablamos de aquellos profesionales entregados, que son en lo que me quiero basar hoy: desde el punto de vista del docente.


Hay muchísimos maestros dispuestos a dar la milla extra siempre. Maestros entregados, dedicados y con un corazón desbordado de amor. Recuerdo la primera vez que entré a ese salón y ya no era una estudiante, sino la maestra. Sentí miedo e inseguridad, pero también fui con el celo de ser una de las mejores maestras. Nunca lo vi como una competencia contra otros, sino contra mí misma. El deseo de superar mis propias expectativas y las de mis estudiantes. Tuve varios retos; mi clase era de Ciencias completamente en inglés para los grados intermedios. Muchos estudiantes ya le tenían poco amor a la Ciencia y, peor aún, en otro idioma. Así que me vi ante un doble desafío. Siempre busqué diversas alternativas que podía utilizar y las aproveché a mi favor.


¿Cómo lo hice? Conociendo los pros y los contras de mis estudiantes y evaluándome a mí misma diariamente. Evaluando virtudes, desempeños y, sobre todo, activando ese lado creativo. Realicé muchos laboratorios para contarlos y en cada uno de ellos buscaba que los estudiantes se independizaran y amaran lo que yo les enseñaba. Nunca asignaba tareas para el hogar y todo proyecto debía realizarse en el salón. Solo administraba un examen escrito por trimestre y el resto del tiempo se utilizaba para experimentar e investigar.


Ahora, así como yo puedo hablar de mi desempeño, también hay innumerables colegas que pueden abundar acerca de los suyos. Entonces, ¿dónde está el problema?


Así como hay padres entregados, también hay padres irresponsables, perezosos, indisciplinados, desorganizados y/o que dan por sentado el trabajo del docente u otros profesionales. Un maestro o cualquier profesional se enfrenta a múltiples escenarios. Está el padre que no quiere tareas, el que no está presente pero que cada vez que su hijo baja la nota, pide un trato especial. También nos encontramos con el que piensa que las escuelas son un servicio de cuidado, que quiere que lo cuidemos y le enseñemos valores que no se aplican en el hogar. ¡Ay de aquellos a los que se les aconseje, se les den malas noticias sobre comportamientos inapropiados y así podríamos seguir abundando! Esto también aplica para terapeutas y demás profesionales.


Yendo más profundo, a pesar de que esta generación ha sido más abierta a lo que conocemos como inteligencias múltiples, condiciones y más, aún hay muchos padres que se han quedado con ese pensamiento retrógrado de no querer etiquetar a su hijo por presentar alguna dificultad. Es como si pensaran que su hijo sería menos o sería visto de una manera diferente. Ahora bien, no ocurre absolutamente nada si tu hijo presenta alguna dificultad. Sí, será un reto para muchos, algunos de manera temporal y otros de manera permanente. Sin embargo, le provocamos más daño al no abordar los problemas a tiempo. Muchísimas condiciones han existido desde hace tiempo, solo que ahora la ciencia ha avanzado y tenemos más acceso a esa información.


¿Qué quiero decir con todo esto? Sencillo, esto es un trabajo en equipo. No podemos ignorar los comportamientos que los maestros les están presentando, pues sabemos que con o sin alguna condición, muchos niños pueden presentar comportamientos distintos según su entorno. No podemos esperar un trabajo eficaz por parte de ese maestro cuando como padres esperamos que el trabajo sea realizado completamente mientras cruzamos los brazos. Tampoco podemos enfocarnos únicamente en nuestro hijo, ya que dentro del salón de clases hay otros estudiantes que también pueden presentar dificultades.


Es válido discutir por los derechos de nuestros hijos, pero tampoco permitamos que esto nuble nuestra vista ante aquellos que están dispuestos a trabajar. Entendamos también que muchas veces es el mismo sistema el que ha estado presente en las escuelas durante muchos años. Esto significa que debemos aprender a elegir nuestras batallas y a trabajar en lo que nos corresponde. Como padres, debemos tomar medidas en la educación de nuestros hijos, fomentar valores, ayudarlos a desarrollar áreas que requieran apoyo y cambiar métodos de enseñanza si es necesario. Pero, sobre todo, debemos luchar contra lo que el sistema impone tanto al docente como al estudiante. Si trabajamos en equipo y ambos hablamos el mismo idioma, la educación de los niños será diferente. Ni tú te rompes la cabeza ni el docente deja de dar lo mejor de sí mismo.

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