Llegamos al fin del periodo escolar para muchos y probablemente te alegraste de que sucediera.
Si vamos en retrospección, ¿Cuál fue la frase que más repetiste cuando sentías que no podías más? Estoy segura de que una de ellas era que te sentías cansado, frustrado o sin fuerzas y que ya no sabias que hacer.
Déjame decirte que a mí también me pasó. Mi hijo mayor comenzaba primer grado en una escuela nueva y le tomó meses adaptarse. Él ya había pasado por varias escuelas y creo que uno de mis temores era que no pudiese aprender de manera efectiva o que no quisiese ir a la escuela por tantos cambios. Siempre nos levantábamos y realizábamos nuestra rutina, pero al llegar a la escuela no quería entrar y solo entraba si su maestra lo buscaba al portón. Así estuvo el primer semestre escolar.
En el caso de mi hijo menor, había pasado de un cuido privado a head start, aunque iba a ser su primera experiencia de rutina establecida, él fue todo lo contrario. A pesar de ser más emocional dentro de su diagnóstico, siempre ha sido más cariñoso y si le ofrecen comida él se vende rapidito. Yo anhelaba que el estuviese compartiendo con otros niños y pudiera adaptarse a una vida más estructurada fuera de lo que se ofrece en nuestra casa ya que a nivel cognitivo, tiene un comportamiento más infantil.
Así que me despreocupé un poco por el pequeño, pero luego me quedaba el grande. Los traumas que probablemente él tuvo o tenga en su cabeza de las pasadas escuelas, los regaños, las exigencias de quedarse sentado, el actuar “normal”, pensaba yo. Tantas cosas que él podía sentir y yo no saberlo. No podía quedarse quieto, daba vueltas y sus compañeros lo trataban diferente y apenas compartían con él. Sin embargo, el aprendía todo de memoria.
Al momento de los exámenes, tuvo que aprender a plasmarlos en papel porque toda su información era de boca y para él era suficiente.
Al final, lo superamos. Logramos que pudiera pasar de una inseguridad y miedo, a sentirse en confianza con la maestra. Podía trabajar sus tareas con mayor facilidad. Sus dificultades estaban presentes, sus límites no se habían ido, no es el más popular de manera positiva en cuanto a la mente de sus compañeros, pero cada logro que tuvo fue una satisfacción dentro de mí.
Me frustré, me cansé… por todas las veces que percibía el rechazo hacia el de otros compañeros y el bullying, por todas las veces que estuvimos horas para lograr hacer tareas, por todas las veces que me llamaron dándome quejas y por todas las veces que abogaba por sus derechos.
Creo que anécdotas demás conseguí este año que si continúo creo un libro, pero si hay algo que me llevo es la consistencia y amor por mis hijos. Es lo que me sostiene siempre y la confianza en Dios.
Sé que no es fácil, sé que es agobiante, lo sé.
Pero… incluso si tu situación no fue igual, te comprendo y te abrazo. Sé que tuviste que dejar de hacer cosas, sé que tuviste que modificar tu tiempo, probablemente este fue el año en que tuviste que renunciar para dedicarte a ellos, probablemente este año te colocaron muchos tropiezos y te sentiste inútil o incapaz o que las situaciones se te salían de tus manos, pero no te enfoques en lo negativo. No te enfoques en lo que pudo haber sido o en lo que no se logró.
Si hoy llegaste hasta aquí es porque has sido resiliente, fuerte, valiente y capaz. Los procesos son parte de una recompensa y nadie gana un premio sin antes luchar por él. Toma este año como otro de preparación, de motivación y de recordatorio del papá o mamá extraordinario que eres. Nadie dijo que es tarea fácil y mucho menos si añadimos los otros factores que puedan estar atravesando. Si de algo estoy segura es que siempre hay un final de cada proceso y que constantemente estamos aprendiendo. No somos perfectos, pero siempre buscamos dar lo mejor.
Llévate este mensaje para ti.
Para más información sígueme por:
YouTube: https://www.youtube.com/@autismo_mama
Instagram: https://www.instagram.com/autismo_mama
Spotify: https://www.spotify.com/@uniendocamino
Apple Podcast: https//podcasts.apple.com/us/podcast/uniendo-caminos
