Miedo a Salir

Más del 45% de los padres cuyos hijos tienen alguna condición, como autismo o síndrome de Down, entre otras, temen salir con ellos por miedo a muchos escenarios. Esto no solo complica el área social, sino también la oportunidad de intentar cosas nuevas. Además, afecta la calidad de vida familiar, aumentando el estrés, los conflictos, la ansiedad y el desgaste emocional.

Entre los escenarios más comunes está evitar los cumpleaños u otras fiestas donde son invitados, por temor a lo que puedan encontrarse, cómo pueda reaccionar el menor, las constantes disculpas o el estrés de cómo puedan actuar otros niños con los suyos.

En otras ocasiones, los padres pueden haber intentado salir a algún lugar y el menor haber reaccionado de una forma inesperada, lo que les llevó a regresar a casa y evitar volver a ese lugar. En este escenario, es importante analizar qué fue lo que sucedió: si algún color, ruido, o algo específico no le gustó desde antes de salir, o si se trató de una sorpresa y al menor no le agradan las sorpresas. Esto permite entender mejor la situación y trabajar en ella. No significa que, si algo no funcionó una vez, no puedas volver a intentarlo.

Una de las situaciones más comunes es que los padres no pueden lidiar con las miradas, comentarios y/o preguntas relacionadas con la conducta del menor. Esto genera una sensación incómoda que puede hacer que deseen retirarse del lugar.

Recuerdo que en muchas ocasiones mis hijos, en particular mi hijo mayor, llegaban a los lugares llorando, resistiéndose a entrar, y no querían que nadie los tocara, mirara o hiciera ruidos. Esto podía durar más de 30 minutos, y no siempre la misma técnica funcionaba igual. En algunos momentos, abrazarlo me ayudaba; en otras, hablarle mientras me sentaba con él en el piso, y en ocasiones simplemente dejar que se desahogara antes de continuar. Sin embargo, nunca me retiré del lugar. En muchas ocasiones, la causa es que no se sienten seguros, y al no saber cómo expresarlo, pueden tener una descompensación.

Hay ciertos lugares que, en ocasiones, podemos evitar, pero cuando se trata de lugares como la escuela, esto no es una opción. No necesariamente se debe a que la maestra sea un problema o a que traten mal al menor, sino a otros factores, como la falta de seguridad, el miedo a lo desconocido y, sobre todo, a los cambios.

Probablemente te identifiques con algunas, o incluso con todas estas situaciones. Permíteme decirte que, en algún momento, todos hemos estado ahí. Sin embargo, hay maneras de abordarlas y trabajarlas.

Mi primer consejo, y probablemente el más crucial de todos, es que no te importe en absoluto lo que los demás piensen u opinen. Generalmente, estas opiniones provienen de personas que no tienen ningún conocimiento sobre tu situación ni conocen tus circunstancias.

Mi segundo consejo es siempre anticiparle a tu hijo hacia dónde van, especialmente si no le gustan las sorpresas. Esto te ayudará a prepararlo para lo que se va a encontrar. Por ejemplo, puedes informarle que van a un lugar con muchas luces, mucho ruido, pocos asistentes, pero con colores brillantes, o cualquier otra característica relevante.

Tercer consejo: evalúa las salidas de principio a fin. Esto te permitirá analizar si alguna descompensación se originó inconscientemente desde casa o si fue provocada por otros motivos en el lugar al que asistieron.

Cuarto consejo: no temas exponerlo a ciertas actividades. Todo es un proceso, y cada niño es distinto, pero mientras más lo restrinjas o lo reprimas de estas experiencias, menos progreso podrás observar.

Como quinto y último consejo: no puedes controlar lo que digan o cómo actúen otros niños. Esa labor le corresponde a cada padre. Sin embargo, puedes controlar cómo reaccionas ante cada situación. En el mundo en el que vivimos, no siempre nos encontramos con personas agradables, y esto ocurre tanto con personas externas como en el ámbito laboral e incluso dentro de nuestro entorno familiar. Puede parecer triste o incómodo, pero, de cierta manera, nuestros hijos deben estar expuestos a estas situaciones para aprender a diferenciar lo que es bueno de lo que no lo es y para continuar con la frente en alto.

Que este comienzo de año 2025 nos motive a dejar atrás el miedo a lo que nos rodea y a enfrentarnos a los escenarios con confianza. Recuerda que no solo lo haces por el beneficio de tu hijo, sino también por el tuyo.

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