En colaboración con: https://paginaspolemicas.blog
Hemos tenido la oportunidad de visitar muchas iglesias a lo largo de nuestras vidas. Algunas vibrantes y llenas de personas, otras más tranquilas y sencillas. Algunas cuentan con tecnología avanzada, otras conservan un estilo tradicional, con cánticos a capela y bancas de madera. En todas hemos encontrado diversidad en muchos aspectos, pero también hemos notado una ausencia que se repite con demasiada frecuencia.
No es común ver niños con autismo. Tampoco es común encontrar personas sordas, ni a quienes tienen dificultades para comunicarse o comprender el entorno. No veo con frecuencia a niños con síndrome Down, Déficit de Atención, Procesamiento Sensorial, TOC, ni a quienes necesitan apoyos adicionales para participar plenamente. Personas con condiciones visibles o invisibles parecen estar, muchas veces, al margen de nuestras comunidades de fe.
Y esto no es solo una impresión. Estudios recientes revelan que niños con autismo tienen casi el doble de probabilidades de no asistir nunca a una iglesia en comparación con otros niños. De igual forma, niños con otras condiciones del desarrollo o de salud mental enfrentan barreras significativas para ser parte activa de un espacio de fe. Incluso entre los adultos, las personas con discapacidades severas asisten menos a la iglesia que el resto de la población (45% frente a 57%), lo cual refleja un patrón que no podemos seguir ignorando.
Esto me lleva a hacerme preguntas necesarias: ¿Dónde están? ¿Por qué no los vemos como parte activa de nuestras congregaciones? ¿Será que las familias sienten que no hay espacio para ellos? ¿Será que la iglesia no está preparada?
Lamentablemente, muchos padres han tenido que tomar decisiones dolorosas. Un estudio en Estados Unidos reveló que un 32% de las familias con hijos con discapacidad ha abandonado su iglesia porque no se sintieron bienvenidas, y un 38% ha considerado hacerlo por experiencias similares. No son cifras menores; son familias reales que han perdido el sentido de pertenencia espiritual porque la iglesia no supo cómo acompañarlas.
He escuchado relatos de padres que, en medio de una prédica, han tenido que salir del templo porque su hijo no podía quedarse quieto. Otros han optado por no asistir más, resignándose a ver los cultos en línea, aunque eso no supla el valor de la comunidad, ni el sentido profundo de pertenecer. Algunos expresan que no desean “molestar”, como si la presencia de sus hijos fuera una carga para la iglesia, y no una bendición.
Pero también hay esperanza. Las iglesias que deciden dar el paso hacia la inclusión reportan cambios significativos en su cultura comunitaria. Cuando personas con diversidad funcional son acogidas como miembros activos —sirviendo como voluntarios, participando en la liturgia o en la educación religiosa— la iglesia se vuelve más empática, más abierta, más humana. La inclusión no solo bendice a quien la recibe, transforma a quien la practica.
Ahora bien, esta transformación requiere preparación. Y aquí enfrentamos otra realidad preocupante: solo el 42% de los seminarios y centros teológicos forman adecuadamente a sus futuros líderes para trabajar con personas con discapacidad. En temas como liturgia inclusiva, educación bíblica adaptada o acompañamiento pastoral, menos del 30% de los egresados están preparados. Esto se traduce en congregaciones bien intencionadas, pero sin herramientas. Y sin herramientas, la buena voluntad no basta.
En este contexto, es válido recordar las palabras de Jesús:
“Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (Mateo 19:14).
Él no especificó condiciones, comportamientos ni características. Simplemente los llamó.
La iglesia debería ser un lugar donde cada niño, con o sin diagnósticos, pueda experimentar la gracia sin condiciones. Donde una madre o un padre no se sientan juzgados, sino acompañados. Donde las personas sordas sean acogidas no solo con un saludo, sino con herramientas reales para participar plenamente. Pero esto requiere más que buenas intenciones: requiere preparación, sensibilidad y disposición para transformar nuestras estructuras.
¿Qué pasaría si, en lugar de reaccionar con incomodidad ante la diferencia, aprendemos a acompañar con empatía? ¿Qué ocurriría si los equipos pastorales y educativos de nuestras iglesias recibieran capacitación sobre inclusión? ¿Y si en lugar de preocuparnos por “el orden del culto”, nos preocupáramos por reflejar el corazón del Evangelio?
Jesús dedicó su tiempo y su mirada a quienes otros ignoraban. Su ministerio fue radicalmente inclusivo. Como iglesias, ¿estamos siguiendo ese ejemplo?
Este escrito no busca señalar con dureza, sino abrir una conversación urgente. Es una invitación a ver lo que quizás no hemos querido ver. A reconocer que cuando un miembro del cuerpo falta, el cuerpo no está completo. A comprender que la verdadera inclusión no es una opción decorativa, es una expresión genuina del amor de Dios.
Quizás sea tiempo de reevaluar nuestras prioridades. De abrir no solo las puertas, sino también el corazón. De recordar que el templo no es un espacio de perfección, sino de encuentro. Que no se trata de callar, sino de escuchar con el alma.
Funtes bibliográficas:
- Carter, E. W., Koehler, A. L., Spann, E. E., & Weber, M. A. (2023). “And Then COVID Happened…”: The Impact on Ministry and Disability in Local Churches. Review & Expositor, 65(2). https://doi.org/10.1177/0034673X231202052
- Zielińska-Król, K. (2024). People with Disabilities and Their Families in the Roman Catholic Church in Poland: An Analysis of Barriers to Participation in Religious Practices. Religions, 15(7), 840. https://doi.org/10.3390/rel15070840
- Schaap-Jonker, H., Sizoo, B., van Schothorst-van Roekel, J., & Corveleyn, J. (2013). Autism and Religion: The Influence of Cognitive and Social Factors on Intensity of Religious Experience. Journal of Autism and Developmental Disorders, 43(12), 2875–2886. https://doi.org/10.1007/s10803-013-1836-6
- Conner, B. (2023). Don’t Disable Your Youth Ministry. Western Theological Seminary. https://www.westernsem.edu/beyond-the-classroom/center-for-disability-and-ministry/
- Blanchard, J. (2023). Serving Families with Disabled Children. Tabletalk Magazine. https://tabletalkmagazine.com/article/2023/04/serving-families-with-disabled-children/
Para más información sígueme por:
YouTube: https://www.youtube.com/@autismo_mama
Instagram: https://www.instagram.com/autismo_mama
Spotify: https://www.spotify.com/@uniendocamino
Apple Podcast: https//podcasts.apple.com/us/podcast/uniendo-caminos
