El duelo a lo desconocido

No sé si te pasa como a mí, pero cada vez que me enfrento a un nuevo reto, lugar, meta o cualquier experiencia con mis hijos, analizo todas las posibilidades que pudiesen ocurrir. Algunas pueden ser buenas y otras son pensamientos anticipados de lo que pudiese no salir bien. Es como si quisiéramos saber todo antes de que ocurra.

Sin embargo, ese es nuestro cerebro preparándose para lo que viene. Es un modo de defensa que se activa y lo utilizamos porque nos crea incertidumbre no saber lo próximo. Usualmente nos ocurre en un lugar rodeado de muchas personas, cuando nos toca conocer personas nuevas, cuando la experiencia tiene la posibilidad de causarnos muchas emociones, si somos padres y, aún más, cuando se carga el peso de un diagnóstico en nuestros hijos.

Por darte un ejemplo, en mi caso he sido maestra por varios años y me encanta conocer a mis padres, conocer a mis estudiantes porque me da una idea de cómo trabajar mis clases y de cómo trabajar en equipo. Ahora, como mamá, es otro cuento, porque me pone a pensar si recibiré la misma paz que yo intento transmitir desde el rol profesional.

En ocasiones me ha pasado que he visualizado una posible expectativa de manera positiva y he recibido todo lo contrario, y viceversa.

Pero probablemente te preguntas por qué digo todo esto.

La realidad es que nunca estamos preparados para lo que viene, pero sí podemos estar abiertos a una nueva perspectiva aun cuando esta nos decepcione. En cada etapa de nuestros hijos nos enfrentamos a un nuevo duelo, y el duelo no es nada más ni nada menos que un proceso que sucede como una reacción natural que se manifiesta de distintas formas, tanto emocionales como físicas.

Cuando te vas a enfrentar a una nueva escuela, una nueva reunión, un nuevo servicio, cuando solicitas tus derechos y los de tus hijos, cuando les toca experimentar procesos nuevos, puede causarnos incertidumbre, dolor, tristeza y más cuando esos procesos se atraviesan sin algún apoyo familiar o del equipo multidisciplinario.

Es importante que, ante todo ese proceso, puedas entender que es otra etapa más y que no pasa nada si no la pasamos con éxito al principio. Los procesos nos marcan, pero nos fortalecen. Nuestros chicos se enfrentan a muchos retos que pueden provocar rezagos, pero también crecimiento. Así que nunca tengas miedo a lo nuevo, a hacerle frente a lo que no conoces, porque tal vez sea ese el paso que te ayude a recibir los frutos de cada uno de tus esfuerzos. Está bien no siempre estar bien, pero por favor, no permitas que tu miedo y tu duelo eviten y detengan las cosas bonitas que tienes y las grandes posibilidades de ver a tus chicos seguir cada día.

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